“Soy como una roca: hasta este momento no usé la violencia” dijo al Gadafi.
Al Gadafi afirma que no posee ningún puesto al que pueda renunciar, pese a las reivindicaciones revolucionarias libias.
Se describe a si mismo como un guerrero, defensor de su país, que se trasladó de su tienda beduina para liberar a Libia.
Dice: “Este es mi país y el país de mis abuelos y de sus abuelos, plantamos sus semillas con nuestras manos y lo regamos con la sangre de nuestros antepasados”.
Acusa a “los borrachos” y a los drogadictos estar tras la revolución popular. Solicita el apoyo del pueblo en una asamblea que tendrá lugar mañana. Según él, los padres tienen que controlar y proteger a sus hijos de los mercenarios que se están riendo de ellos.
Añade que hasta ahora no usó la fuerza y amenaza con emplearla si fuera necesario de acuerdo con la ley internacional y la ley de Libia.
Rechaza la posibilidad de renunciar a su puesto pues, atendiendo a sus palabras, se revindica como algo más que un mero cargo político para Libia; y por ello, se compromete a defender su país con su fusil.
Acusa a las televisiones árabes de distorsionar la imagen del pueblo libio y les exige que restablezcan la verdad.





